jueves, 19 de abril de 2012

Cubano de las grandes causas, ¿dónde escondes las pequeñas?



  No sé si habrá en el mundo humano más humano que el cubano…, con redundancia, cacofonía y todo. Capaz de desgarrarse en obras por el bien del prójimo, que a un desconocedor de la idiosincrasia de quienes nacimos en esta ínsula, dejaría atónito. Uno de esos titanes, es el colega José Alejandro Rodríguez, capaz de escalar a la cima de lo imposible desde su columna Acuse de Recibo en el periódico Juventud Rebelde. Sin cansancio, Pepe se entrega completo, indaga, denuncia, critica, se desgarra en sentimiento, pasión y gestiones …¡resuelve…!, pero es preciso ver cuántos hijos de esta tierra lo siguen y respaldan en su cruzada.
  Una madre le escribió hace poco para denunciar el maltrato recibido en cierta unidad de salud en una provincia oriental y la desatención de su niño inmunodeficiente, después de un azaroso viaje de 60 kilómetros. Al leer la queja, aparecida en la edición digital de JR, un médico criticó la actitud de su colega, se brindó desinteresadamente para atender al paciente y detalló dónde podía ser localizado para ello. En la capital, una persona brindó su casa para que el enfermo fuera tratado allá.
  Es esa sección una especie de espejo de cuanto somos capaces, nosotros, los cubanos; los adalides de las grandes causas, pero también los paladines de la mezquindad cuando de causas menores se trata.
  Detesto (como pretenden algunos) culpar a la mezcla de sangres en este defecto que nos sume en un pantano de miserias humanas. O, sea, la reunión de genes españoles, africanos, chinos y demás, que ha convertido a la picardía en una filosofía en gran parte del temperamento nacional.
  Capaces de dar sangre y vida por cualquiera, esos mismos, pueden actuar con tremendo cinismo cuando de perjudicar a otro se trata, ya sea para obtener un beneficio mínimo, que para quitarse un problemita de encima y echarle la culpa a un inocente. Hay expertos en este ejercicio.
  Los débiles, tal vez los más decentes, los menos agresivos o bien intencionados, (usted tiene toda la libertad para añadir adjetivos) salen perdiendo en la jugada, quizás por aquello de que pretender un enfrentamiento con la casi siempre prepotente contraparte, le puede ocasionar consecuencias sin límites…, porque hasta la violencia puede aportar lo suyo aquí.  La fatídica frase de “lo mío primero” añade vitriolo a la cuestión y catapulta el individualismo hasta la estratosfera.
  Tal fenómeno es diverso y pluriambiental… El cubano de las grandes causas se convierte en un canalla cuando llega a una cola y en el mejor de los casos le dice a quien está comprando: “sácame ahí…”,  porque puede ser peor si se cuela o pone malo el entorno para extraerle provecho a la situación. ¿Y el respeto que merece el resto de la fila que aún espera por su turno? Bien, gracias.
  El cubano de las grandes causas puede volverse un ratero tras un mostrador mientras le sisa unos centavos al cliente “porque no tengo vuelto”; saca la cabeza por la ventanilla de la guagua para que la embarazada siga de largo y resuelva su problema en otro lugar; le agrega mayor cantidad de agua al refresco que cobra como de primera; con un pase mágico deja la bola de helado hueca; le “tumba” media libra a la mercancía que oferta; se hace el bobo para no reparar el daño que le causó a tu casa cuando construyó la suya; barrió para tu patio la basura que limpió del suyo; es incapaz de reconocer cuándo el producto que expende no cumple con los parámetros de calidad mínimos; esconde las zanahorias podridas dentro del mazo donde hay algunas sanas; madura a puro carburo la mano de plátano, so pena de expandir el cáncer como pandemia para echarse dinero rápido en el bolsillo; le desgarra el prestigio a “ese atravesa’o”…
  ¿Sigo? Para qué. Me parece estar viendo a ciertas víctimas asentir mientras leen esto; a los pícaros esbozando “una cierta sonrisa” (con la venia de Françoise Sagan); a los pesimistas afirmando: “eso no tiene remedio”;  y a los optimistas, apostando fuerte para que los cubanos no dejen de ser jamás los campeones de las grandes causas y saquen las pequeñas del escondite.









sábado, 3 de marzo de 2012

Se queda en el aula la educadora eterna

De no haber partido este 29 de febrero, bondadosa y humilde, como  transcurrió su vida, quienes la conocimos pudiéramos concederle sin temores el atributo de la educadora eterna.
Más de siete décadas ante las aulas, sin otro interés que no fuera el gusto más puro por enseñar, resultan suficientes para ganar ese título que le otorgaron al unísono varias generaciones de cienfuegueros, a quienes entrenó en el arte de las letras y los números.
Gladys Adelaida Bradley Ballina nació en 1922 con el talento y la vocación de maestra ungida de rigor ignaciano, sonrisa inagotable y paciencia a toda prueba. Desconocía el enojo frente el alumnado, tal vez por el hecho de que los "muchachos me hacen vivir", como comentó en cierta conversación o porque le fascinaba su oficio de hacedora de gentes, y a su modesto decir, no sabía otra cosa que dar clases.
Fue el 1ro. de octubre de 1940 cuando recibió la prueba de fuego como pedagoga pertinaz, y en 1988 creyó que había llegado la hora del retiro. Pero la casa le quedaba grande, ansiaba el bullicio escolar como vitamina para el espíritu y le rejuvenecía saberse útil otra vez. Por eso acudió al llamado de reintegrar a los educadores jubilados a la Enseñanza Primaria, y allá fue, con la emoción del principiante y el júbilo de quien comienza de nuevo.
El trayecto desde su casa hacia la Escuela Primaria Guerrillero Heroico, de Cienfuegos, adivinaba su presencia en cada paso, día tras día, de ida y de vuelta, bajo el calor más tórrido, el benévolo frío caribeño o la lluvia, que recibía caminando despacio, sin sombrillas u otro artilugio protector.
Descubrí que prefería el olor de los materiales escolares a las flores, cuando con la naturalidad que otorga la sabiduría misma, hablaba un poco en broma y otro en serio,  sobre la posibilidad de abandonar el mundo de los vivos en cualquier oportunidad: "Cuando me muera, quisiera una libreta y un lápiz sobre mi ataúd".
De modo que no habrá tristeza por una partida que se nos antoja irreal, ni obituarios que abarquen toda su nobleza, ni despedida capaz de borrar su imagen entre quienes la conocimos y la conocerán en lo adelante.


Seguirá Gladys ahí, tras una nube de anécdotas inolvidables, en cada aula, andando y desandando el camino entre el hogar y la escuela, como la educadora eterna.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Histerectomía por vía endoscópica en Cienfuegos? Sí, y con éxito

Emma Sofía MORALES
Fotos: Alexis Pire Rojas


… dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Miguel Hernández



El Doctor Alberto Jorge Fernández,

jefe del Grupo Nacional de Cirugía
Endoscópica Ginecológica



A punto de salir en estampida del quirófano y con el pánico estrujándole la garganta, la paciente se abandonó al equipo de expertos que le practicaría una histerectomía total por vía endoscópica, la de mayor complejidad entre las realizadas por ese proceder en la rama ginecológica. Cirujanos, anestesiólogos, personal de enfermería especializado se alistaban para intervenir. Piernas vendadas para evitar trombos,…vena canalizada…, mesa
de cirugía…, careta de gas… Luego, la nada…

El Doctor Alberto Jorge Fernández parece no tener prisa nunca y toda la paciencia acumulada en una sonrisa. Se mueve seguro, reconoce, explica, detalla, esclarece dudas y rezuma confianza mientras ejerce su profesión. Para este especialista en Ginecobstetricia desde hace dos décadas el reloj pierde su oficio cuando se dilata el número de mujeres que demandan su pericia, y si de cirugía ginecológica por mínimo acceso se trata, su nombre suena alto en Cienfuegos y más allá de sus fronteras. Traspone el umbral del quirófano como si de un santuario se tratara, dispuesto a ejercer un acto sagrado. Y sin dudas, lo es.

El pulso, la mente y el corazón puestos en la técnica que maneja con destreza de ilusionista y todo el arte de quien tocara un instrumento de cuerdas. Ahí está agazapado todo el enigma.

Todavía hay quienes se asombran cuando conocen que el útero puede ser extirpado en su totalidad por técnica laparoscópica, alternativamente con el método tradicional o laparotomía; pero para el también jefe del Grupo Nacional de Cirugía Endoscópica Ginecológica, tal intervención no esconde el menor secreto. Tampoco lo es el hecho de que esta provincia es la única fuera de la capital en realizar con éxito esa práctica desde 2004. Y eso, constituye un privilegio.

“Existen múltiples causas para efectuar una histerectomía: cáncer del cuello cérvico uterino o del endometrio, miomas o fibromas, entre otros, explica Jorge Fernández. Para las de este tipo se aplica anestesia general y de modo laparoscópico el cirujano realiza su trabajo. Tiene la ventaja de ver en la pantalla el campo quirúrgico aumentado 20 veces su tamaño. Finalmente, el útero es extraído por vía vaginal.

La mayoría desconoce que los beneficios de esta técnica con respecto a una operación con el abdomen abierto sobrepasa a esta última con creces.

“Sí, en casi todos los aspectos, porque las complicaciones o no existen o son mínimas. El hecho de no reportar ni una sola fallecida por esa causa demuestra que es un método muy seguro. Se reduce la agresión biológica al minimizar el acceso al área quirúrgica, evita la aparición de adherencias abdominales, disminuyen las complicaciones transoperatorias y postoperatorias, y desde el punto de vista estético resulta mejor. A esto debo agregar que el tiempo de recuperación es menor, y el sistema inmunológico sufre poco al ser pequeño el proceso de cicatrización. La única desventaja con respecto a la otra práctica es que es mayor el tiempo de duración”.


Pero visto desde lo económico sigue a la delantera con respecto al método tradicional.

“Por supuesto, porque ha de tenerse en cuenta que la paciente no necesita ser hospitalizada con anterioridad, ni requiere de una preparación previa dentro de la unidad de salud; se abrevian los índices de estadía hospitalaria, la cual no rebasa las 24 horas después de la operación; disminuye la utilización de material gastable, como sutura, transfusiones sanguíneas y también el uso de antibióticos, pues es casi inexistente el riesgo a contraer algún tipo de infección”.

Presupongo dónde radica la mayor tensión para una paciente que será sometida a una operación ¿y para el cirujano?

“El momento más difícil es el que antecede a la cirugía, sobre todo cuando no hay total claridad del diagnóstico, pero está otro que recompensa cualquier inquietud: la satisfacción de ver a la paciente recuperada.

Abrió los ojos y esperó con resignación el dolor postoperatorio que por lógica debía llegar y nunca llegó, ni las molestias imaginadas, mientras el tiempo transcurrido desde la intervención le pareció demasiado corto cuando el Doctor Alberto Jorge le indicó: “siéntate, camina, tienes dieta libre, en una semana retiraremos los 4 puntos y nos vemos dentro de 45 días para una reevaluación. Ya estás de alta”.




viernes, 10 de diciembre de 2010

DEL MAGISTERIO A LA LEYENDA


Cuartero, el director del Pre

Por: Emma Sofía Morales

Habrá quienes impugnen sus métodos, mientras otros los sigan venerando tras el muro de años que separa al presente de lo que fuera el Instituto Preuniversitario Urbano Jorge Luis Estrada de Cienfuegos, pero es difícil que quien estuviera bajo su égida pueda olvidar a Rolando Cuartero.
Con una imagen bastante apegada a la del actor norteamericano Morgan Freeman, alto, delgado y de voz rajada, de impecable porte y personalidad de nervios recios Cuartero retorna desde lejanas reminiscencias con soplos de Quijote tropical hasta la contemporaneidad, deshaciendo entuertos en el escabroso oficio de moldear gente y fundar procederes poco ortodoxos en materia de enseñanza.
Si no, cómo entender que el alumnado le tuteara, aun cuando el respeto que sudaba junto con la camisa fuera capaz de paralizar con la mirada a una masa de hormonas inquietas e ideas plurales, decir “!cariño!” donde debía estar una reprimenda ejemplar, dejarlo claro todo con solo poner su mano sobre el hombro del transgresor o incrustar un vistazo penetrante y fijo, suplente infalible de las palabras, ante una infracción escolar. Logró así establecer un código de entendimiento recíproco, de esencias implícitas y silencios sobreentendidos que no necesitaban de derechos de autor para reconocerlos como suyos.
Anécdotas hay que lo convirtieron en leyenda, le agregaron fábulas más cercanas al mito que a lo veraz y legitimaron con una especie de tradición oral la certidumbre de hallarse ante la evidencia de lo cierto.
Quién no escuchó decir que Cuartero irrumpía de repente y rescataba a cualquiera de “sus muchachos” de la sala oscura de un cine, del bar de un reconocido hotel donde expendían junto con la elegancia limonada de a peso o de una fiesta de barrio, para sumergirlos en libros y libretas. Quién pudiera afirmar con precisión dónde empiezan y dónde terminan lo real y lo imaginario que le imputaron notoriedad pedagógica entre generaciones enteras de cienfuegueros., que por encima de otra cosa le agradecen haberles enseñado a estudiar y aprender.

Echó mano a la autoridad y la habilidad para llevar durante años al “Jorge Luis Estrada” a los primeros lugares entre los centros de su tipo en el país, ganarle juegos de baloncesto a quienes estuvieran dispuestos a retar al equipo del plantel, hacer cantar apasionadamente a todas las voces de la escuela, dotadas y no dotadas, en un acto masivo en el parque Martí, fraguar obras de teatro para los festivales de la FEEM, y blandir sin flaquezas un sistema formativo estricto y sin fisuras, que hoy día rinde frutos en cientos de profesionales, cincuentones ya. Quiénes de ellos pretenderán sin éxito escapar de la nostalgia ahora…
Cuántos reconocen hoy que le deben un código de valores sustentados en la decencia, el respeto y la vergüenza ejercido desde la autoridad y el liderazgo, repartido sin fatigas con mano firme y segura.
Inevitable encontrar a Cuartero, Hijo ilustre de Cienfuegos, en otros seguidores, cuando hoy el esmero por empujar los valores que se cocieron en “su Pre" rejuvenecen en los actuales preuniversitarios urbanos, alguno de los cuales podría llevar su nombre, retomados desde la cordura (situaciones económicas aparte) por mentalidades preclaras, encarnadas en la continuidad de sus directores, armados de razones, criterios y pasiones en el arduo camino de componer caracteres de bien, herederos del mismo sentido de unidad y pertenencia que le conocimos a Cuartero treinta años ha.
Después de más de ocho décadas de vida y un robusto historial como maestro, director, asesor de nacientes empeños, Cuartero se “fue tranquilo, se fue despacio” en el mayo de 2002, mientras dejaba tras sí multitud de pareceres, pero no indiferencia, porque fue un hombre coherente, consecuente consigo mismo y con su tiempo, soñador empedernido, legionario inveterado, hacedor de gente, optimista, capaz de signar vidas sin desganas ni perezas.




Antiguo preuniversitario Jorge Luis Estrada, actual Escuela Provincial de Arte Benny Moré.


Su mayor enseñanza, la que enarboló como filosofía práctica: aplicarse con tenacidad para atrapar los sueños y desgarrarse las manos en el intento de llegar a la cima. Una lección de vida, el modesto cartelito en la pared del salón de profesores con la sapiencia de Ho Chi Minh: “Nada es difícil, la dificultad está en que el corazón no persevere, hombres firmes y resueltos arrasan montañas y colman mares”. El legado mejor, aquel que dominaba su oficina en frase que tomó del Apóstol: “Solo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria”.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El disparate no es un estilo

Basta contar con un mínimo de raciocinio para darse cuenta que las leyes, normas, disposiciones, regulaciones y otros sinónimos que pudieran engrosar la lista, se hicieron para ser cumplidas. Las de la Real Academia de la Lengua, también. Hay quienes piensan lo contrario y dejan las que rigen el idioma al libre albedrío, o las consideran una suerte de hermanito bobo. Quiere esto decir en buen cubano, “hago lo que me da la gana”.
Traten esos mismos de violar lo establecido en el Código Penal, y ya verán lo que les espera. Claro, el riesgo no es el mismo, porque en este caso el infractor pudiera parar en Chirona, pero si de violar lo establecido por la RAE se trata, los transgresores no pasan de quedar como ignorantes, estúpidos o en el mejor de los casos, ridículos.
Las recientes regulaciones de la RAE en torno a la lengua han destapado la caja de Pandora y propiciado un revuelo que no merece. Desde que el Castellano es tal, se habla y escribe, ha ido evolucionando. De no ser así, aún nos comunicaríamos en el estilo del Arcipreste de Hita. Pudiera estar alguien o no de acuerdo con este o aquel cambio, pero la Academia es la que sigue dictando lo que ES y no ES. Lo demás ES pura porfía. De modo que si los sesudos de la real institución decidieron que guion no requiere tilde y usted se la pone, está cometiendo falta.
Es el uso el que impone la norma, siempre y cuando el hecho lo justifique, y la RAE terminará aceptándolo. Para ello cuenta con académicos y expertos que saben lo que se traen entre manos. Quienes se empeñan en ignorarlos o persisten en el invento lingüístico bajo desacertados pretextos estilísticos seguirán debatiéndose entre el desentendimiento y la burla.
Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo recomendaba en el último encuentro nacional de la crónica celebrado en Cienfuegos no rehuir un texto por no comprender lo expresado, “en vez de agradecer la posibilidad de regalarnos nuevos significados”, o de lo contrario, “todo estaría regido bajo signo de las 30 palabras (…) y entonces no habrá ni literatura, ni periodismo, ni crónica ni nada” Tiene toda la razón. Lo establecido, lo que existe, lo estipulado, aun cuando sea desconocido para el receptor es válido y quien muestre interés correrá a buscar significados para aumentar su bagaje; pero de ahí a lo otro, o sea, de lo incomprendido a lo impunemente inventado, va un trecho infinito.
En mi carrera como filóloga y periodista he encontrado lindezas dignas de un glosario, innovaciones merecedoras de un tratado humorístico, disparates miles en boca y pluma tanto de reconocidos como de neófitos. Lástima que la mayoría tengan voz en medios de comunicación y enarbolen el dislate en nombre de la cultura. Que me perdonen los aludidos, pero persevero en la máxima shakesperiana de que “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”. No es de extrañar entonces que al ver pisoteado el idioma me sienta una especie de Torquemada.
Aquí algunas de las joyitas más recientes. Le advierto que se puede enfadar con ellas o sorprenderse, y si en última instancia prefiere reírse, me busca y hacemos un coro: Ahí van tres lindezas: coberturar (se supone que sea brindar cobertura), epocalmente (de época, por supuesto) y experticidad ( aún estoy atónita ante esta maravilla que no me atrevo a comentar).
Prefiero padecer el síndrome de “las 30 palabras”, si éstas están convenientemente dichas, porque utilizadas como es debido lograrán su objetivo, pero cuando se impone el disparate ya cualquier cosa podría suceder y entonces no habrá ni siquiera comunicación, y volviendo a las reflexiones del profesor : “ ni literatura, ni periodismo, ni crónica, ni nada”.
Recurro de nuevo a la sapiencia de Luis Sexto cuando le aconsejó a alguien: “el disparate no es un estilo”. Definitivamente, los cántaros cuanto más vacíos, más ruido hacen.

miércoles, 9 de junio de 2010

La callecita, la matica de tomate y el cromosoma C

Eres deleitosa(…)como la palabra de
tu Apóstol.
(Dulce María Loynaz)


Emma Sofía Morales


A juicio de una colombiana residente fuera de su país, los cubanos que viven lejos de la Isla no acaban de realizarse como personas porque “no dejan de pensar en la callecita y la matica de tomate dejada atrás”. Según creí entender es algo así como un lastre atávico, una atadura perjudicial que los traumatiza de por vida y de la cual deben desprenderse.
Nunca indagué cuál era la filosofía patriótica de la colombiana, tampoco me incumbe, pero puedo inferir que no se parece ni remotamente a la de los hijos de este abundante archipiélago. Ante tanta inapetencia de la susodicha por el suelo propio, solo atiné a ilustrar que “la callecita y la matica de tomate” adquirían para los cubanos un alcance desconocido para ella: enamoramiento con el terruño.
Cuando damos el primer grito al salir del claustro materno, quienes nacimos en este cocodrilo pertinaz, quedamos signados por un hechizo fabricado de tantos nudos, que no nos alcanza la vida para desatarlos todos. Y lo mismo cabalgando sobre el lomo del cocodrilo, como sobre otros, perdura esa magia cuya clave permanece en el más enrevesado misterio. Desde los ascendientes de Hatuey, hasta quien está naciendo ahora en cualquier lugar de su geografía tiene un cromosoma no registrado por la ciencia en su mapa genético: el cromosoma C…, de Cubano. Personal e intransferible, imposible de eliminar, aun cuando como en todo proceso natural pudieran ocurrir accidentes con la consabida alteración de la secuencia de ADN y dar origen a un fenotipo patológico.
Para quienes tratan de dilucidar el fenómeno, tanto sentido del arraigo se asienta en cimientos fundidos al mismo centro de esta tierra, consistentes, inamovibles, asidos al fundamento del amor. Tanto, que no existe quien pueda convencer a la mayoría de los cubanos de que los 109 mil 722 kilómetros cuadrados de superficie natal no son el ombligo del mundo, porque quizás la geografía nos otorgó ese don, y lo hacemos sin arrogancia, presunción o altanería, en circunstancia tan espontánea como la sucesión de los días y las noches.
Cada cubano incorpora a sus sentidos el sentido de la insularidad y quizás sin darse cuenta lleva un árbol adentro. Aún es desconocida la morfología de sus raíces, pero la fortaleza es evidente, y por encima de todo, bien reconocida. Es un fenómeno de singularidad dentro de la inmensidad de pluralidades, incapaz de dosificar emociones que empujan desde el pecho para evitar que terminen robándoles el aire.
Dulce María Loynaz escribió su poema CXXIV sin proponerse, tal vez, echar algo de luz sobre este asunto de herencias largas e incontenibles, o quien sabe, si con el conocimiento de causa que le cabe a la poesía hecha persona. Acaso sea ella la emisaria de miles de voces incapaces de apretar los afectos en imágenes y metáforas, sentenciosas y cortas, tan explicativas como un tratado. Se unirán a sus decires, y asentirán cuando repasen los versos que colocan a Cuba como “ la antena de América”, la de “la ternura de las cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas”.
Faltarían pocos en esa ronda de clamores poéticos más cercanos a la plegaria que al grito, a la súplica más que al reclamo, al deleite más que a la melancolía: “Para el hombre hay en ti, Isla clarísima, un regocijo de ser hombre, una razón, una íntima dignidad de serlo”.
Siento pena de la colombiana, del desarraigo y la desgana con su suelo, porque jamás se deleitará con sus sabores y sinsabores, tampoco estará capacitada para deshilar la madeja del amor de los otros por la suya, y mucho menos vislumbrar que para los cubanos, Cuba es palabra corta de pasiones extremas, “un arco entesado que un invisible sagitario blande en la sombra y apunta a nuestro corazón”, ni apta para percibir lo que significa implorar desde lo impenetrable: “Isla mía, tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas…”.
Benditos la callecita, la matica de tomate y el cromosoma C.

sábado, 9 de enero de 2010

El impreso y la Internet: por la coexistencia pacífica

Me espanta la idea de que la prensa plana pueda desaparecer junto con otras tendencias de la comunicación contemporánea y con ello, uno de los mayores placeres que refrendan per se la propia existencia (por ejemplo) del impreso: hundir la nariz entre páginas primigenias y aspirar ese olor entrañable e insustituible de la tinta en el papel.
La desenfrenada rapidez con que avanza la tecnología y la aparición de la Internet han puesto a circular la pregunta de que si la llamada red de redes sería capaz de sustituir la información y la comunicación tradicionales de contar historias en el periodismo, con el lenguaje más o menos tradicional.
Ante el peligro de que la respuesta pudiera ser un rotundo SÍ, algunos, asidos a la tradición, la cordura, el inevitable enamoramiento con la práctica de poner las cosas en blanco y negro o la conveniencia, han puesto neuronas y otros recursos en función de impedirlo, aun cuando en torno al fenómeno se ciñe otro obstáculo, tan azaroso como es, sin dudas, la crisis económica mundial.
Son sobre todo las publicaciones escritas las más amenazadas y con mayores riesgos de hacer mutis por el foro, lo mismo paulatinamente, que de un momento a otro, así de repente, en dependencia de las circunstancias. Murdoch en Europa y otros de sus colegas por Norteamérica, ya han dado muestras de inquietud económica y por lo pronto han clausurado ediciones emblemáticas del periodismo mundial, y con ello, echado a la calle a cientos trabajadores del gremio.
Sin embargo, los medios no digitalizados dan brazadas para evitar hundirse mientras toman bocanadas de aire que les permita flotar en todo este panorama inquietante para los medios tradicionales de comunicación. Tal vez por eso recurren con mayor frecuencia a la búsqueda de alternativas, tendencias novedosas, tipologías, diversos mecanismos de fabricación de noticias e información en un esfuerzo de renovación justificable.
Las prerrogativas de la digitalización ante los impresos son bien conocidas, sobre todo por la ventaja que aporta el hecho de poder seleccionar de forma ágil y simple lo que necesitamos y queremos saber, así como difundir la información con mayor inmediatez. El mundo todo está a la distancia de un click.
Es fuerte la competencia, y para salir airosos de ella será imprescindible una renovación necesaria. Antes que obviar al periodismo no digitalizado o rendirse incondicionalmente ante las bondades de las tecnologías de avanzada, se impone buscar un cambio, una nueva forma de que ambos se adapten y complementen en una coexistencia pacífica y de colaboración mutua . Suena bonito.
Internet es una impetuosa herramienta de comunicación, de manera que ahora mismo el mundo asiste al afianzamiento de un moderno soporte para la información, y para sostener a los que le precedieron habrá que ponerle, no solo esfuerzo, inteligencia y espíritu, sino todo el sentimiento de que seamos capaces y lograr una información altamente especializada, exclusiva, analítica, apoyada en fuentes de reconocida solvencia y propias, listas para ponerse en condiciones de competir en buena lid desde la perspectiva del periodismo investigativo, de fondo, analítico, informado y responsable, entre otras cuestiones.
Con el diseño digitalizado los medios de comunicación impresos deben considerarse (y de hecho lo están haciendo) en una etapa de cambio y adaptación obligada para lograr la supervivencia.
No sería ocioso que directivos, editores y periodistas aborden este fenómeno de modo que encuentren el equilibrio justo para que ambos soportes se soporten y complementen.
Pero aun cuando alguien pensara que la prensa escrita perdió toda su función, todavía echaré mano a ese socorrido chiste que ha recorrido la red de redes sobre la utilidad del impreso y la supremacía de utilidades en comparación con la Internet y contestaré la pregunta de que para qué sirve un periódico además de dar noticias: Para madurar aguacates, recoger basura, sacarle brillo a los vidrios, alinear las patas de la mesa coja, empacar la vajilla en la mudanza, tapizar la jaula del pájaro, recoger la caca del perro, cubrir los muebles y el piso antes de pintar, evitar que se meta el agua debajo de la puerta, matar moscas , como papel higiénico, para castigar al perro en el hocico cuando se orina en la casa, recortar letras y fotos para las tareas de los niños, elaborar objetos de papier maché, ensanchar zapatos, rellenar los bolsos y carteras para que conserven su forma, dar trabajo a voceadores y periodistas, envolver flores, cortar moldes de la costurera, envolver cosas, como alfombra para que no se te ensucie el trasero si te sientas en la acera mientras llega la guagua, como paraguas durante un aguacero…
Pero sobre todo, y no lo olvidemos, para contar historias, las de todos los días, las que se esfuman si no echamos manos a la tinta y al papel, las que trascienden en blanco y negro, las que se pueden oler y tocar, las que el tiempo les otorga el color especial de la permanencia, las que nos hacen vivir a quienes vivimos para la prensa.