miércoles, 9 de junio de 2010

La callecita, la matica de tomate y el cromosoma C

Eres deleitosa(…)como la palabra de
tu Apóstol.
(Dulce María Loynaz)


Emma Sofía Morales


A juicio de una colombiana residente fuera de su país, los cubanos que viven lejos de la Isla no acaban de realizarse como personas porque “no dejan de pensar en la callecita y la matica de tomate dejada atrás”. Según creí entender es algo así como un lastre atávico, una atadura perjudicial que los traumatiza de por vida y de la cual deben desprenderse.
Nunca indagué cuál era la filosofía patriótica de la colombiana, tampoco me incumbe, pero puedo inferir que no se parece ni remotamente a la de los hijos de este abundante archipiélago. Ante tanta inapetencia de la susodicha por el suelo propio, solo atiné a ilustrar que “la callecita y la matica de tomate” adquirían para los cubanos un alcance desconocido para ella: enamoramiento con el terruño.
Cuando damos el primer grito al salir del claustro materno, quienes nacimos en este cocodrilo pertinaz, quedamos signados por un hechizo fabricado de tantos nudos, que no nos alcanza la vida para desatarlos todos. Y lo mismo cabalgando sobre el lomo del cocodrilo, como sobre otros, perdura esa magia cuya clave permanece en el más enrevesado misterio. Desde los ascendientes de Hatuey, hasta quien está naciendo ahora en cualquier lugar de su geografía tiene un cromosoma no registrado por la ciencia en su mapa genético: el cromosoma C…, de Cubano. Personal e intransferible, imposible de eliminar, aun cuando como en todo proceso natural pudieran ocurrir accidentes con la consabida alteración de la secuencia de ADN y dar origen a un fenotipo patológico.
Para quienes tratan de dilucidar el fenómeno, tanto sentido del arraigo se asienta en cimientos fundidos al mismo centro de esta tierra, consistentes, inamovibles, asidos al fundamento del amor. Tanto, que no existe quien pueda convencer a la mayoría de los cubanos de que los 109 mil 722 kilómetros cuadrados de superficie natal no son el ombligo del mundo, porque quizás la geografía nos otorgó ese don, y lo hacemos sin arrogancia, presunción o altanería, en circunstancia tan espontánea como la sucesión de los días y las noches.
Cada cubano incorpora a sus sentidos el sentido de la insularidad y quizás sin darse cuenta lleva un árbol adentro. Aún es desconocida la morfología de sus raíces, pero la fortaleza es evidente, y por encima de todo, bien reconocida. Es un fenómeno de singularidad dentro de la inmensidad de pluralidades, incapaz de dosificar emociones que empujan desde el pecho para evitar que terminen robándoles el aire.
Dulce María Loynaz escribió su poema CXXIV sin proponerse, tal vez, echar algo de luz sobre este asunto de herencias largas e incontenibles, o quien sabe, si con el conocimiento de causa que le cabe a la poesía hecha persona. Acaso sea ella la emisaria de miles de voces incapaces de apretar los afectos en imágenes y metáforas, sentenciosas y cortas, tan explicativas como un tratado. Se unirán a sus decires, y asentirán cuando repasen los versos que colocan a Cuba como “ la antena de América”, la de “la ternura de las cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas”.
Faltarían pocos en esa ronda de clamores poéticos más cercanos a la plegaria que al grito, a la súplica más que al reclamo, al deleite más que a la melancolía: “Para el hombre hay en ti, Isla clarísima, un regocijo de ser hombre, una razón, una íntima dignidad de serlo”.
Siento pena de la colombiana, del desarraigo y la desgana con su suelo, porque jamás se deleitará con sus sabores y sinsabores, tampoco estará capacitada para deshilar la madeja del amor de los otros por la suya, y mucho menos vislumbrar que para los cubanos, Cuba es palabra corta de pasiones extremas, “un arco entesado que un invisible sagitario blande en la sombra y apunta a nuestro corazón”, ni apta para percibir lo que significa implorar desde lo impenetrable: “Isla mía, tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas…”.
Benditos la callecita, la matica de tomate y el cromosoma C.

sábado, 9 de enero de 2010

El impreso y la Internet: por la coexistencia pacífica

Me espanta la idea de que la prensa plana pueda desaparecer junto con otras tendencias de la comunicación contemporánea y con ello, uno de los mayores placeres que refrendan per se la propia existencia (por ejemplo) del impreso: hundir la nariz entre páginas primigenias y aspirar ese olor entrañable e insustituible de la tinta en el papel.
La desenfrenada rapidez con que avanza la tecnología y la aparición de la Internet han puesto a circular la pregunta de que si la llamada red de redes sería capaz de sustituir la información y la comunicación tradicionales de contar historias en el periodismo, con el lenguaje más o menos tradicional.
Ante el peligro de que la respuesta pudiera ser un rotundo SÍ, algunos, asidos a la tradición, la cordura, el inevitable enamoramiento con la práctica de poner las cosas en blanco y negro o la conveniencia, han puesto neuronas y otros recursos en función de impedirlo, aun cuando en torno al fenómeno se ciñe otro obstáculo, tan azaroso como es, sin dudas, la crisis económica mundial.
Son sobre todo las publicaciones escritas las más amenazadas y con mayores riesgos de hacer mutis por el foro, lo mismo paulatinamente, que de un momento a otro, así de repente, en dependencia de las circunstancias. Murdoch en Europa y otros de sus colegas por Norteamérica, ya han dado muestras de inquietud económica y por lo pronto han clausurado ediciones emblemáticas del periodismo mundial, y con ello, echado a la calle a cientos trabajadores del gremio.
Sin embargo, los medios no digitalizados dan brazadas para evitar hundirse mientras toman bocanadas de aire que les permita flotar en todo este panorama inquietante para los medios tradicionales de comunicación. Tal vez por eso recurren con mayor frecuencia a la búsqueda de alternativas, tendencias novedosas, tipologías, diversos mecanismos de fabricación de noticias e información en un esfuerzo de renovación justificable.
Las prerrogativas de la digitalización ante los impresos son bien conocidas, sobre todo por la ventaja que aporta el hecho de poder seleccionar de forma ágil y simple lo que necesitamos y queremos saber, así como difundir la información con mayor inmediatez. El mundo todo está a la distancia de un click.
Es fuerte la competencia, y para salir airosos de ella será imprescindible una renovación necesaria. Antes que obviar al periodismo no digitalizado o rendirse incondicionalmente ante las bondades de las tecnologías de avanzada, se impone buscar un cambio, una nueva forma de que ambos se adapten y complementen en una coexistencia pacífica y de colaboración mutua . Suena bonito.
Internet es una impetuosa herramienta de comunicación, de manera que ahora mismo el mundo asiste al afianzamiento de un moderno soporte para la información, y para sostener a los que le precedieron habrá que ponerle, no solo esfuerzo, inteligencia y espíritu, sino todo el sentimiento de que seamos capaces y lograr una información altamente especializada, exclusiva, analítica, apoyada en fuentes de reconocida solvencia y propias, listas para ponerse en condiciones de competir en buena lid desde la perspectiva del periodismo investigativo, de fondo, analítico, informado y responsable, entre otras cuestiones.
Con el diseño digitalizado los medios de comunicación impresos deben considerarse (y de hecho lo están haciendo) en una etapa de cambio y adaptación obligada para lograr la supervivencia.
No sería ocioso que directivos, editores y periodistas aborden este fenómeno de modo que encuentren el equilibrio justo para que ambos soportes se soporten y complementen.
Pero aun cuando alguien pensara que la prensa escrita perdió toda su función, todavía echaré mano a ese socorrido chiste que ha recorrido la red de redes sobre la utilidad del impreso y la supremacía de utilidades en comparación con la Internet y contestaré la pregunta de que para qué sirve un periódico además de dar noticias: Para madurar aguacates, recoger basura, sacarle brillo a los vidrios, alinear las patas de la mesa coja, empacar la vajilla en la mudanza, tapizar la jaula del pájaro, recoger la caca del perro, cubrir los muebles y el piso antes de pintar, evitar que se meta el agua debajo de la puerta, matar moscas , como papel higiénico, para castigar al perro en el hocico cuando se orina en la casa, recortar letras y fotos para las tareas de los niños, elaborar objetos de papier maché, ensanchar zapatos, rellenar los bolsos y carteras para que conserven su forma, dar trabajo a voceadores y periodistas, envolver flores, cortar moldes de la costurera, envolver cosas, como alfombra para que no se te ensucie el trasero si te sientas en la acera mientras llega la guagua, como paraguas durante un aguacero…
Pero sobre todo, y no lo olvidemos, para contar historias, las de todos los días, las que se esfuman si no echamos manos a la tinta y al papel, las que trascienden en blanco y negro, las que se pueden oler y tocar, las que el tiempo les otorga el color especial de la permanencia, las que nos hacen vivir a quienes vivimos para la prensa.

lunes, 4 de enero de 2010

Nosotras, las cubanas

Emma Sofía Morales

Con una especie de dádiva divina para hacer girar el cuello a casi todo hombre que nos pasa por al lado, las cubanas reinamos en esta tierra de machistas derrotados por la fuerza telúrica de nuestra feminidad desbocada. Ni lo ignoramos, ni lo tomamos a la tremenda, sólo con la naturalidad que nos otorgó la naturaleza misma.
En algo más de 40 años hicimos rodar por tierra sin traumas ni cataclismos emocionales conceptos enraizados por siglos sobre nuestro vilipendiado sexo, y a pesar de que el filósofo Platón considerara a las mujeres una especie de despreciable condición con la cual serían castigados los hombres en sucesivas reencarnaciones si su comportamiento era inadecuado, demostramos estar por encima de filosofías erradas (si lo desea puede escribirlo con h) y rayanas en la comicidad. También lo estamos de otras creencias que sostenían furibundamente, que la mujer carecía de alma.
Depende del concepto de alma, claro.
El alma de las cubanas ha sido esculpida en el bregar de todos los amores. Solo por amor hemos puesto toda el alma en ser y hacer mejores a otros. Podría parecer habitual, pero solo nosotras somos capaces de valorar cuánta alma le ponemos a la crianza de los hijos, el bienestar de la familia, a los resultados del trabajo, a las obligaciones de todo tipo…
…cuando sonreímos aunque nos pesen dolores, retornamos a la niñez para comprender a los muchachos, borramos diferencias generacionales para mejorar el entendimiento o nos crecemos en el conocimiento para desterrar la mediocridad.
A veces nos desentendemos de los enfoques de género tan en boga, porque damos por descontado que podamos ser discriminadas, y jamás nos ronda la duda de que tenemos a la mano toda la igualdad de oportunidades.
Nosotras, las cubanas, somos expertas en economía doméstica, capaces de preparar un arroz con pollo pantagruélico con solo dos postas, de desempeñar con eficacia diferentes cosas al mismo tiempo, ser firmes al hacer valer determinaciones, tenaces al defender lo que consideramos justo, de inteligencia aguda e innegable resistencia para lograr un fin y constantes para sortear las adversidades.
Nacimos con algo de artistas y otro tanto de prestidigitadoras , asumimos la coquetería como virtud y la maternidad con pasión, guardamos un chispazo de energía para engañar a la tristeza.
Somos una isla; como la isla en que nacimos, con los mismos genes de su tierra, el misterio del mar que la abraza y la transparencia del aire que se respira.
Podemos ser versátiles, diversas, distintas, disímiles, variadas, gordas, flacas, blancas, negras, jóvenes o viejas, pero nos entendemos en el mismo idioma cuando subimos y bajamos en el cachumbambé de la vida, asidas al signo común que nos otorga la cubanía.

martes, 17 de noviembre de 2009


Presentación de la revista Ariel dedicada al Centenario de Florentino Morales.


Pocas veces la revista cultural Ariel dedicó uno de sus números a un acontecimiento determinado. Todos lo han merecido, pero el centenario del natalicio del poeta, historiador, ensayista, crítico e intelectual cienfueguero Florentino Morales, rebasa lo razonable para convertirse en un acto justiciero.
Aunque llevamos el mismo apellido Florentino y yo no compartimos lazos de sangre. Solo compartí con él los lazos que otorgan el amor y la admiración sin límites por un hombre que personificó a la bondad y humildad misma, que se fue tranquilo y despacio como transitó por la vida. Y en estas páginas también comparto con Floren una foto lejana en el patio del museo provincial como un momento entrañablemente feliz retenido en el tiempo.
Nunca será bastante una sola revista para comprender la anchura de Florentino Morales, ni suficiente todo lo que se haga para engrandecer su memoria. Este número de Ariel pretende un acercamiento a tanta vida fértil, tanta laboriosidad, tanto conocimiento compartido, tanta entrega para el prójimo, sin reparar en condiciones.
Este número, no es, ni con mucho, todo Florentino, pero el Consejo de Redacción de la revista fue minucioso en la selección de los textos que lo integran en pos de una representatividad lo más perfecta posible, aunque el orden y el concierto demandado por la jerarquización de los materiales no resultara el más feliz. Habría que lamentar, además, la carencia de pies de fotos elementalmente necesarios y ciertas explicaciones pasadas por alto, perdonables por el hecho de que las virtudes superan con creces los defectos.
No es un volumen sólo sobre Florentino, es una especie de hijo de ese hombre sencillo, con una vasta producción todavía sin publicar y parte de cuya obra, andares y desandares por la vida, tratan de llenar estas páginas.
Es de alguna manera , de ninguna manera a la manera de Marcel Proust, de buscar el tiempo perdido, más bien de encontrarlo, desde el mismo editorial de Ariel; de conocer el tamaño de la modestia y la erudición de Florentino Morales en sus palabras de presentación con motivo del recital de la poetisa Nivaria Tejera, en el Ateneo de Cienfuegos, el rescate de leyendas cienfuegueras como La Piragua fantasma, pareceres y aconteceres del Cine en Cienfuegos, detalles de lugares célebres de esta ciudad como el Bar-restaurant Covadonga, la instalación del alcantarillado de la ciudad, la radiodifusión y el deporte en Cienfuegos, todos perseguidores de historias contadas en lenguaje transparente y sin afectaciones.
Es desgranar Sonetos como Cascada del Hanabanilla, La Laguna de Guaranoca, El río Caonao, El caserío de Jagua, la Mancha de manjúas, un fragmento del poema Fernandina de Jagua, que dan fe del enamoramiento del poeta con la patria chica, la pasión por la naturaleza, por lo pequeño y lo grande que late en cada hombre.
Pero es también una muestra de su alcance intelectual, del lugar que ocupó en el parecer de personalidades de la cultura nacional de la dimensión de Samuel Feijóo, amigo entrañable de quien se publica aquí una denominada Cuarteta homenaje, digna de las locuras más divinas, la confianza depositada por el poeta Hispérides Zerquera, la admiración de Cintio Vitier y Fina García Marruz sobre las investigaciones de Florentino acerca de Mercedes Matamoros, el prólogo del poeta Agustín Acosta al libro Caracol, publicado por el Ateneo de Cienfuegos en 1954.
Inteligente la selección de fragmentos del prólogo al Romancero de Jagua, que con el título de La Historia tras los portales, la intelectual cienfueguera Aida Peñarroche traspone umbrales recorridos para dejarnos entrar en el más fiel conocimiento de este volumen de Florentino Morales .
Mejora el diseño en esta edición gracias al talento, el intento y la habilidad de Joel Ibáñez , en tanto se prestigia con la obra del artista de la plástica Osvaldo González Herrera, de quien la especialista Sila Quintana desnuda los ánimos.
Quedemos, pues, tras la lectura de este número de Ariel asidos a esa venerable figura todavía inconmesurable, laboriosa y contumaz, que acariciaba lo mismo al verso que a la Historia con la hidalguía de un caballero, con el amante confeso y leal de esta ciudad, con el Floren de su novia Elpidia, el Florito, de su hermana Isabel, papi, para su hija Fifi, el Abo de sus nietos Toto, Tammy y Omy, con el Florentino que es, con el de toda la ternura y la paciencia de que fue capaz.


Emma Sofía Morales
Consejo de Redacción
Revista Ariel

viernes, 10 de julio de 2009

La sabiduría para superar inconvenientes


Por: Emma Sofía Morales

Causas y azares, explicables y esotéricos, en confabulación con el absurdo ocasional, propiciaron que pasada la primera mitad del año 2009 se instalaran con demora y al unísono en el panorama literario cienfueguero tres números de la revista cultural Ariel.

La número dos de 2007 es, sin lugar a dudas, la emisaria de la laboriosidad , la paciencia y la sapiencia, que solo personas como Aida Peñarroche son capaces de poner a cuanto hacen. De su laboriosidad y su paciencia, amén del conocimiento y la inteligencia, emergió esta Revista índice, todo Ariel, todo recuento, toda caracterización imprescindible por demás, para comprender dos décadas de andar a trompicones y salir airosa, “a pesar de”. Ineludible dejar pasar este repertorio bibliográfico de la publicación cultural cienfueguera, contentiva de índices auxiliares de autores y materias, a partir de los cuales emerge un minucioso estudio métrico en tanto identifica las principales tendencias de la revista hasta el año 2006, cuáles son las materias , temáticas y autores de mayor presencia, en una obra concebida con estricto orden cronológico que responde a la manera clásica y la elegancia a que la autora nos tiene acostumbrados.. He aquí el resultado de un esfuerzo de gran utilidad para los estudiosos de la cultura, la literatura y el arte cienfueguero, cubano y universal, así como para el Consejo de Redacción de la revista, para no solo reconocer las temáticas más tratadas, sino para identificar las zonas de silencio que rondan a la publicación y a mejorar el balance, después de conocer sus ausencias. Capaz de contribuir a la localización y recuperación de la información publicada, la revista índice posee como valor agregado el estudio métrico que acompaña el repertorio bibliográfico. Unámonos en coro a la petición de Aida Peñarroche de no dejar pasar otros 20 años para reconsiderar lo hecho por Ariel en este primer intento en que ha dejado de ser adolescente para andar una adultez, ojalá, sin sobresaltos .

De esta tríada demorada aguardan otros dos números, que se me antojan ansiosamente a la espera de un inventario analítico o al menos descriptivo, de aquello que supone ser desenmascarado tras sus páginas. Pero sólo me limitaré a mencionar ciertos destellos de esta gran constelación, y de paso, dejo el resto en el silencio para que cada quien se atreva a desentrañar sus intimidades. La entrevista, la crítica literaria y cinematográfica, el ensayo, la poesía, la narrativa y la plástica, entre otros, aportan lo suyo a las revistas número Uno y Dos del 2008., sin embargo, siempre habrá que detenerse a escuchar voces ineludibles de indiscutible hondura interpretativa, sustento estético y conceptual.

Ya nada debería sorprendernos de los análisis literarios de Aida Peñarroche, (regresa nuevamente Aida Peñarroche a la revista número Uno del 2008) con La abuela interminable, inventario de ternuras y apegos, capaz de motivar a cualquier público y aliviar la avidez de regresar a las cosas entrañables perdidas en la infancia y a otras nostalgias que fueron o no fueron nunca, reales o imaginarias entre las cuales alcanza protagonismo el poemario La noche, de Exiclila Saldaña y se percibe cuánto le dictó divertidamente al oído Lina Rosa a Aidita en este texto, que se me antoja de las dos.

Paradigmas ambos de la anormalidad, Jesús Candelario y Antonio Pino se vuelven binomio que compagina la concordancia de lo ilógico, la disfrutan confabuladamente, mientras pretenden que los demás compartan un puñado de filosofías y pareceres, el primero con el libro Los Anormales son invisibles, el segundo con un ingenioso Ensayo de plagio para abrazar a un anormal auténtico, sin lugar a dudas, uno de los momentos de mayor agudeza del concierto de voces de este número de Ariel, en tanto pretende que escuchemos cuando grita: “No me impongas el cuento, no me retrates en tus ensueños ni me interpeles en tus vigilias”, mientras Kant sonríe en la sombra para recordarnos que el que se transforma en insecto, no debe quejarse si lo pisan. Benditos los anormales.

De lo que corresponde a la plástica se encargó Lilia Martín Brito con El parque de las esculturas ,recuento ineludible y reflexivo de tonalidades múltiples por la intención que pretende (y logra) cuando informa, analiza, medita, discurre y razona sobre este fenómeno devenido el primer parque postmoderno de Cuba, en el cual convergen discursos heterogéneos propios de generaciones heterogéneas, y a juicio de la especialista “Cienfuegos necesitaba este parque : marinero, soñador, creativo, sentencioso, acusador, reflexivo, enamorado de lo bello y de la fantasía, que propone e invita no solo a descansar, sino a pensar mientras se descansa, a jugar con las obras y a disfrutar de ellas tanto como pueda el caminante, según sus necesidades y sus deseos” .

En el apartado de poesía Ariel Ulloa, Isnoel Yanes González, Milay Laviña Hernández y Yannit Pozo Castillo preceden a La negación de estudio en blanco y negro de Virgilio Piñera, a cargo de Ileana Valdés Carranza, donde incursiona en la anatomía de la estética de la negación del dramaturgo cubano, demostradora de cómo maneja este concepto entre los elementos que conducen al entendimiento de conductas humanas, o como la propia autora considera (…) “el absurdo de algunos comportamientos en el momento de romper con viejas concepciones o perspectivas de las cosas”.

Premio Segur 2008, Alfredo Zaldívar aporta a este número de Ariel con Fábula y lluvia (incompletas) del poeta Luis Lorente, mientras Atilio Jorge Caballero se compromete con Claudio Magris o el valor de la persuasión, toda una incitación para el discernimiento, el conocimiento y el entendimiento, desde una perspectiva culta asentada en bases sólidas, que sin rebuscamientos, complejidades ni posturas impostadas es capaz de inmovilizar al lector frente a las páginas y quedar edificado tras una estupenda lectura.

Y no por ser la que espera, quedará sin referencias la segunda edición de Ariel correspondiente al 2008, contentiva de piezas como Salutación fraterna al taller mecánico “una clarinada poética” en la literatura cubana del siglo XX, a cargo de Victoria María Sueiro y Lázaro Valdés, quienes se aventuran en el tratamiento de la figura de Regino Pedroso y uno de sus exponentes poéticos más relevantes, a partir de una acuciosa investigación apegada al ámbito de este creador.

Un análisis léxico semántico de Rogacion de Cabeza, de Ángel Escobar realizado por Yaneidys Ortiz resulta una suerte para este número de la revista por constituir tema de escaso tratamiento y hacerlo de una manera atractiva y potable a partir de la obra poética de Escobar, plena de asociaciones de ideas y lucido manejo de la palabra, su personalísimo tránsito por la semántica, demostrador de una auténtico dominio del lenguaje.

Garcia Valenti o la memoria de los ángeles, es el aporte de Jorge Luis Urra Maqueira, quien con argumentos sólidamente sustentados se mueve por el quehacer de este fotógrafo artístico desde sus primeros intentos hasta hoy con el objetivo de, como el propio autor considera “dejar una constancia emotiva de la época, , de las eternas interrogantes,(…)

Válida la expresión poética de autores como Ivet Capote, Leonardo Figueras, Víctor Arturo Delgado, la narrativa de Yannit Pozo, la agudeza de análisis de Eilyn Lombard en su pieza El sitio en que tan bien se está, que transgrede lo meramente epidérmico para instalarse con fuerza en el ámbito poético de Clara Lecuona o la Resolución número uno de 2007, de Jesús Candelario Alvarado, peculiar manera de comunicar y declarar un toque de queda para el aburrimiento y los atados al ombligo propio.

Imperdonable dejar de mencionar la Saga de Pepe Gómez, de Jesús Fuentes o la Radiografía de un hechizado, de jorge Luis Águila Aparicio acerca de la narrativa de Marcial Gala.

No hay que ser experto para percatarse de la mejoría en el diseño, empañado, lamentablemente, por una impresión poco feliz que le resta lucidez, a lo cual hay que añadir la ocurrencia de errores de corrección y estilo que pudieran ser subsanados en gran medida de contarse con insumos indispensables para las pruebas de plana, pero son válidos otros pasos que añaden pequeños ingredientes cualitativos.

Loable la aparición de temáticas ausentes y necesarias, y aun cuando siga adoleciendo de variedad autoral se le escucha a Ariel un timbre más alto, aunque quede por redondear su sentido a la manera que demandan la madurez y los nuevos tiempos para ocupar el lugar, que no sin esfuerzo, se le ha ido escurriendo a los espacios de la creación, transformadora de entornos.

viernes, 26 de junio de 2009

Fanáticos del verano

Julio y agosto irrumpen en el año como una especie de temporada relajada y diferente, que los vapores del trópico no logran empañar en el disfrute de los cubanos.

Pantalones cortos, camisetas, trusas, chancletas y prendas mínimas, salen a coger aire por las calles de cualquier ciudad con el desenfado que sólo el verano es capaz de proporcionar.

Las vacaciones dicen sí y el movimiento de gente se multiplica en un ir y venir constante hacia playas, presas o algún pedacito de agua refrescante para espantar calores, tensiones y agobios, mientras el transporte hace maravillas para el traslado de personas hacia lugares solamente visitados una vez al año. Los cubanos asumen los días de asueto por su cuenta y riesgo, con sus propias posibilidades a cuestas, en una etapa que se les antoja distinta, quien sabe por qué caminos de la imaginación y la iniciativa.

Ya la escuela recesó sus actividades y los padres guardan las esperadas vacaciones para disfrutarlas junto a sus hijos, visitar a la familia lejana, esperar la media noche entre vecinos frente a un reñido juego de dominó, destapar aquella botellita de ron guardada por tantos meses en espera de la llegada de algún amigo caído del cielo desde cualquier provincia de la Isla...

Las arterías se tornan más populosas, rebosan actividad y bullicio mientras se multiplican los caminantes y los compradores en busca de ofertas realmente novedosas y otras no tanto, que durante esta etapa son más necesarias y perseguidas que nunca por lo que "resuelven" en el hogar cuando los muchachos, casi siempre con voracidad de dinosaurios, no paran de masticar y tragar.

Son ellos quienes más se apegan a cada minuto veraniego con la pasión de la mocedad, arrastran en la piel todo el sol al que “los mayorcitos huyen”, huelen a sal y arena, ponen a prueba la vitalidad del esqueleto durante interminables horas de baile ( más bien de contorsionismo ilimitado), pedaleo de bicicletas o prácticas deportivas, transgreden los horarios de sueño solo por el placer de saberse trasnochados, son capaces de ignorar los vapores del trópico y hasta disfrutar las temperaturas volcánicas.

Hay quienes aprovechan estos días en reparar aquel desperfecto que por meses permaneció en casa a la espera de ser solucionado y que el indetenible ritmo de la vida diaria, las responsabilidades laborales y sociales fueron dejando para el período vacacional. Es el momento en que las mujeres piensan cambiar de imagen si la suerte las acompaña y los peluqueros no se han sumado también a la vorágine vacacionista, para regresar al trabajo transformadas y nuevas, hacer un “tiempecito” para poner orden en escaparates y gavetas, botar lo inservible, arreglar los uniformes de los niños para el próximo curso escolar...

Las atracciones culturales, deportivas y de esparcimiento elevan su demanda, mientras los bolsillos hacen peligrar la economía doméstica por aquello de que "una vez al año no hace daño", cuando impulsados por el calor o el desprendimiento, adquirimos artículos vedados en los restantes meses.

Aquellos que prefieren quedarse frente a la TV con un vaso de limonada en la mano y un ventilador al lado, tienen una oferta más o menos decorosa en la programación veraniega, que atrapa a algunos como un imán y los arraiga a la casa como si en ello les fuera la vida. No importa si ya vieron once veces Lo que el Viento se Llevó y se dejan llevar por casi tres horas fílmicas atados a los caprichos de Scarlett O”Hara, los tormentos entre el amor y la carne de Ashley Wilkes y el cinismo de Reth Buttler.

Y es que en las vacaciones "cada cual se divierte a su manera", como reza una añeja canción infantil, aparentemente nimia y sin mayores trascendencias, pero que encierra toda esa disposición para el disfrute y el esparcimiento, porque los cubanos somos fanáticos del verano.

lunes, 20 de abril de 2009

No te transformes en otra, ciudad.




Emma Sofía Morales

Los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Jaime Sabines


No son los amorosos los que abandonan, aunque cambien, y mucho menos los que olvidan, ciudad.

Si Jaime Sabines le aportó exergo a Mario Benedetti para aquel poema de pasiones urbanas, (de otras pasiones urbanas), los cienfuegueros podemos tributar razones para disuadirlo, impugnar sus motivos y hasta desgarrarnos en obstinados argumentos, conjeturas sin salida o discernimientos más alejados de la lógica que del corazón.

Ni aunque te transfiguren todos los amores serás diferente, ni serás tantas como amorosos te recorran. Seguirás siendo única en el ánimo de tus amantes y no habrá ni indiferencias ni olvidos, ni se esfumará ese aroma del que dotas a tus hijos al nacer y los sometes a permanecer dentro de tu historia de luz.

El amor seguirá pasando por tus parques, amándolos también en la complicidad de lo eterno, sentándose en tus bancos, bajo cualquier árbol, sin que necesariamente deban de ser pinos para estrenar su homilía de ternuras, sino también jaguas, ocujes, y hasta majaguas fundacionales para celebrar la fiesta de los pájaros, la misma de siempre, la de 190 años ha.

No te permitas ser otra, ciudad, ni aun cuando el amor pinte tus muros, ni descubras en cualquier rostro el rostro del amor en un atardecer junto a la bahía. Te darás cuenta que en 19 décadas el amor va y regresa y te elige testigo de sus abrazos y crepúsculos, de sus bonanzas y aguaceros. Puedes permanecer tranquila y sin sobresaltos si alguien te dijera que el amor se va y no vuelve, porque no hubo ni habrá otoños en tus riberas y campos amados del sol, no habrá duelos para ti, ciudad de estatuas que perpetúan la vida.

Seguirás de columnas enhiestas y anatomía apegada a lo perfecto, a pesar de que alguien, alguna vez, te haya colgado el sanbenito de ser la urbe de calles rectas y cerebros retorcidos, los cerebros del desamor. Sabrás vencer ésas y otras miserias humanas con la transparencia de tu aire, la estirpe de tu gente, con el don que ni se adquiere ni se aprende, sino con el que se lleva por condición. Seguirás del azul apacible e indefinido que traza cada destino, de raíces tan abrazadas a la tierra como las corrientes a las profundidades marinas.

Y llegada hasta este tramo de palabras, te habrás percatado de que no he pretendido en lo absoluto desestimar los pareceres de Sabines, mucho menos los que ha puesto mi reverenciado Benedetti en ese poema que paraliza: “…Cada ciudad puede ser otra cuando el amor la transfigura…” .Sólo me han servido de pretexto y asidero para implorarte que sigas la misma y no te transfigures, ciudad, o correrás el riesgo de lo imperdonable.



§

viernes, 17 de abril de 2009

El artículo periodístico: Sin toda la presencia, ni toda la prestancia

Emma Sofía Morales

El artículo es al periodismo lo que el virus a la medicina. Cabe de todo un poco, puede despistar hasta al más entendido, tornarse algo impreciso en ocasiones, pero existen señales inequívocas del significado que cada uno encierra en sí mismo.

La proliferación cada vez más generalizada de otros géneros dentro de la prensa cubana ha contribuido al escaso manejo del artículo, pródigamente extendido en épocas pasadas por la amplitud de posibilidades que pretende. Las causas de que haya sido relegado a un plano sin número ordinal fijo (aún no soy capaz de determinar si a un segundo, tercero o cuarto planos) pudieran ser diversas, pero la necesidad de rescatarlo con los ingredientes de las tendencias más novedosas del medio es todo un reto, que quienes escriben deben asumir con toda la valentía de una profesión de valientes.

No basta echarle mano en cuestiones que ya se hacen recurrentes como la política, la economía o ciertas tendencias de corte histórico, por citar algunos escasos ejemplos. La vida es ancha y cambiable y cualquiera de sus aristas pudiera merecer un artículo, que de ningún modo es exclusivo de este o aquel tópico.

Aun cuando pudiera tener cierto parentesco con el ensayo (a mí me lo parece sobre todo por tratar de demostrar una hipótesis) el artículo tiene sus propios códigos, en los cuales pudieran hermanarse la opinión, lo informativo, lo educativo….sustentado en la diversidad, siempre y cuando plantee una tesis que haga las veces de columna vertebral, sin olvidar la originalidad y la fuerza que debe caracterizar a todo aquello que ronde al periodismo.

Tal vez lo más difícil, pero también lo más importante sea seleccionar una buena tesis y sustentarla con sólidos argumentos capaces de enganchar al lector, o como decimos en el gremio “tener garra”, pero también estar investidos de toda la información e investigación necesarias para resultar convincentes y auténticos.

Plantear lo que se quiere decir, argumentar lo que se quiere decir, y exponer conclusiones y recomendaciones sobre lo que ha querido decir, es una receta de cocina que no debe ser desdeñada por su aparente sencillez. Detrás de cada una de estas tres recomendaciones hay un caudal de posibilidades. Estas consideraciones podrían cerrar con la sugerencia de que cada artículo debe ceñirse al estilo y la proyección de la publicación a la cual tributa el periodista.

Soy del criterio de que cuando la musa nos visita (para usar palabras de la eximia Dulce María Loynaz) hay que dejarse guiar por ella; porque cuando hace su irrupción es ella quien traza la pauta, quien susurra al oído lo que de repente nos asombra ante el papel o la pantalla., pero si la susodicha desaparece, no queda más remedio que echar mano al oficio, agarrar bien sus herramientas, poner manos a la obra y obras a las manos. No hay excusas entonces para desdeñar al artículo.

En lo que respecta a este género existen rudimentos tan sencillos pero olvidados como pudieran ser la utilización de un lenguaje sencillo, comprensible y potable, toda vez que casi siempre el escritor pretende que lo lea un público amplio. De manera que el debe evitar terminologías exageradamente especializadas o de lo contrario aclararlas bien y transitar por lo cotidiano con naturalidad y desenvoltura para no caer en pedanterías innecesarias y afectaciones que mueven más a la risa que a la admiración.

Ser precisos, sencillos, originales, entre otras virtudes, también aplicables a los demás género periodísticos, es algo insoslayable.

La extensión es tan relativa como el vaso mediado de agua; hay quien lo encuentra medio lleno y otro, medio vacío, pero si además de agregar a los rudimentos antes mencionados le añadimos al artículo poder de síntesis, una sintaxis comprensible, sinceridad expresiva y un estilo propio, ya tendremos el vaso más lleno que vacío.

La realidad es abundante en acontecimientos. Los temas sobran. A escribir entonces.

sábado, 14 de marzo de 2009

Irán Millán Cuétara. La ciudad te sabe de memoria.



Desde el bautizo fundacional a la vera de una majagua las peripecias de lo que fuera la colonia Fernandina de Jagua y hoy es la ciudad de Cienfuegos, validan la esencia de la cienfuegueridad con un sentido casi mítico y una devoción sin límites.

Para discernir si en ello hay o no secretos, si es o no un misterio, cada quien deberá acudir a su propia pericia para desentrañar la cábala. No hay cienfueguero que no tenga la suya, más o menos compleja, más o menos sentimental, desde lo sensitivo o lo esencial, pero la de Irán Millán Cuétara aporta razones que no admiten discusión.

De amores sin retorno

Estar impúdicamente enamorado de esta sureña urbe es su argumento más contundente; y contra el amor no existen obstáculos ni reparos.

“La ciudad es mi novia”, alega sin dobleces, y a quienes conocen de sus desvelos por ella, no les cabe dudas de que es un amante seducido por encantos pequeños y gigantes, celoso y espléndido, tanto, que acabó desnudando todos sus valores para darle como regalo a su Centro Histórico la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

De los afectos

“Cienfuegos es la casa grande en la que se da cita lo mejor de cada uno de sus habitantes, quienes tienen el privilegio de vivirla y sentirla. Es el pretexto donde convergen el afán de su gente por el mejoramiento humano”, sentencia sin titubeos, mientras desde un quicio cualquiera, como un cienfueguero cualquiera trata de sostener al unísono la palabra con que responde a mis preguntas y el cuidado de Adriana, su primera nieta.

“Esta es una ciudad excepcional, única en el mundo”.

Del arraigo

“Aquí se ratifica una personalidad y un fuerte sentido de pertenencia, donde ser cubano es un orgullo, pero ser cienfueguero es todo un privilegio”.

No es precisamente su condición de Conservador lo que le otorga ese sentimiento. Hay algo en ese hombre de intangible y hasta inextricable que sin hablar, dice a gritos cuánto reverencia a la Perla. Y aunque alguna vez dijo sentirse Quijote sobre Rocinante para defenderla, su figura está más apegada a raíces cercanas, a la cosmogonía y las tradiciones de este sureño paraje. No es necesario ser demasiado observador para darse cuenta de que lleva en sí la traza legendaria de haber podido tener la estirpe uno de los descendientes de Hamao y Guanaroca, amante adolescente de Marilope, cómplice del silencio de Azurina, consejero prudente de Aycayía, guerrero junto a Ornoya, el héroe de Jagua.

Del azul y del mar

Azul, el color con que la leyenda nombró a la dama fantasma que recorre en noches de luna llena las almenas de la fortaleza de nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, es uno de sus preferidos. ¿Cuánto de sortilegio y seducción corresponderá a la bahía con su celeste inalterable detenido en el tiempo en esta preferencia cromática? ¿Se lo habrá cuestionado él? Puede que ni siquiera se lo haya planteado, pero en cuanto a la entrañable rada, las cosas son bien diferentes, porque está convencido de todo lo que aporta esa extensión calma y salada al encanto urbanístico de la ciudad. “El vínculo de la urbe con el mar es un elemento identitario de Cienfuegos… ese abrazo de la ciudad y su entorno con el mar”.

De las intimidades

No importa si es oriundo o no de estos predios, porque si nació lejos de aquí fue por mera casualidad. Irán Millán estaba predestinado a echar sus raíces en este pedazo cubano y si alguien tiene alguna otra opinión deberá fundamentarla a fuerza de pasiones, no de hechos. “Yo bebí agua de los cuatro ríos que desembocan en la bahía, tal vez ahí esté el secreto de todo, por que ésa, es agua bendita”.

…¿te molestaría que alguien te preguntara si te parieron debajo de un árbol de jagua?

“No ocurrió así…, pero me hubiera encantado, para estar más vinculado a las raíces de esta bella tierra”.

Las calles de Cienfuegos conocen sus pasos de memoria, saben de los zapatos que lleva; si de tanto andarlas, ellas mismas pulieron sus suelas; si preocupaciones o dolores añadieron pesadez a su cuerpo; si la felicidad lo volvió más ligero o la tensión de una jornada de trabajo lo regresa a casa cansado, pero feliz, mientras que la ciudad toda, de casi 190 años, reconoce su sombra en las paredes, la percibe como una caricia y la disfruta, porque él la recorre sin prisas y se complace en sus olores en un acto de amor recíproco desde siempre.

martes, 23 de diciembre de 2008

Italia en Cienfuegos es...



…un piccolo porto , una porta aperta ai sogni

(Umberto Saba)

Porque cada separación significa un encuentro en otra parte, Italia se reencuentra en algún sitio de la geografía cienfueguera entre motivos y señales.

Pero sumergirse en la búsqueda de la huella italiana en esta ciudad del centro sur de Cuba, no deja de ser un intento arriesgado, cuando se intuye que en su cosmopolitismo de influencia europea, Cienfuegos incorporó ingredientes diversos a su palpitar político, económico y social, al brotar como villa en 1819.

Aun cuando se asientan bien profundas las improntas hispánica y francesa en esta región junto a otras del viejo continente, la traza italiana ocupa su espacio en expresión discreta, pero perceptible con el encanto propio de las cosas por descubrir o el disfrute de saberlas conocidas, familiares, tangibles, entrañables.

Italia en Cienfuegos es esa fuerza con que irrumpe casi mítica la escultura del más diverso formato, al punto de que la creencia popular atribuya paternidad italiana a piezas de factura desconocida que ocultan en su belleza al verdadero y anónimo escultor.

Para poner en su sitio imaginación y fantasías bastaría la existencia misma de obras con la dedicada a la figura de Don Tomás Terry, instalada en el teatro cienfueguero del mismo nombre y esculpida en 1889 por el napolitano Solari, de quien se afirma fue capaz de concebirla en tamaño natural y a partir de un retrato del acaudalado comerciante.

Con la particularidad de ser una pieza notoria dentro de la producción del artista, algunos aseguran que en cierta oportunidad el gobierno italiano trató de adquirirla, dada la escasez de esculturas de ese tipo dejadas por Solari al morir.

La influencia de la península itálica en la estructura del coliseo sureño, se extiende a otros rincones de su arquitectura como la parte superior de la fachada que rematan tres máscaras de cerámica elaborados por artesanos de la casa Salvatti, de Venecia en representación de la Comedia, La Tragedia y la Música, o su propia tipología, característica de la planta italiana formada en herradura y cerrada al fondo por el escenario. En 1906 un escultor genovés de apellido Nicolini legó a los cienfuegueros el conjunto escultórico inspirado en José Martí, que hoy se encuentra en el parque que lleva el nombre del Maestro.

Todo engarza sin mayores contradicciones cuando se conoce que la manifestación de la escultura monumentaria de procedencia italiana en Cienfuegos estuvo sustentada por los vínculos entre los puertos de esta ciudad y Génova, desde donde embarcaban los pedidos de esculturas y trabajos en mármol, por la proximidad con Carrara. Pero también concurrieron a la sureña ciudad desde La Habana, mediante canteros y marmolistas italianos asentados en la capital cubana.

Los cementerios de Reina y Tomás Acea, atesoran vestigios capaces de saciar curiosidades, desatar misterios o arriesgar razones.

Italia en Cienfuegos es el espíritu del neoclásico de una población joven y próspera deseosa de revivir los códigos formales de la arquitectura romana que conforman la imagen misma de la ciudad en equilibrio con otras tendencias

Es un ingrediente de relevancia dentro de su personalidad, al que se añade el estilo de asentamiento inspirado en el campamento romano, que se iniciaba a partir de un área pública desde la cual eran trazados caminos octogonales.

Es la existencia de quintas, la profusión de cúpulas, de cubiertas abovedadas, de columnas toscanas, o el Arco de Triunfo de los Trabajadores erigido en el parque Martí, posiblemente el único de su tipo en Cuba.

Es la riqueza de los mármoles de Carrara en edificaciones como el antiguo Liceo de Cienfuegos, el otrora Ayuntamiento Municipal de orden toscano, el palacio de Valle, donde se entremezclan influencias del gótico, el bizantino y el barroco con elementos italianizantes combinados con el estilo mudéjar en fiesta ecléctica y abrumadora, en cuya arquitectura quedaron alabastros italianos y cerámicas venecianas.

Italia en Cienfuegos está en una reducida inmigración, que entre las nostalgias y las lejanías legó personalidades para la historia.

La huella italiana está en las figuras de Félix Montarsini, profesor de danzas e idiomas establecido en la localidad en 1849, en la de Miguel Capriles Torreta, el genovés que diera origen a ese apellido en Cienfuegos o el ingeniero y agrónomo Alfredo Fontana, romano de nacimiento y encargado de la dirección y los trabajos constructivos de la carretera hacia Cumanayagua, el Acueducto y alcantarillado de la ciudad, casas y establecimientos comerciales, y por demás destacado en el campo de la experimentación agrícola.

A la agudeza y laboriosidad de ingeniero Alfredo Colli debe esta urbe edificaciones y obras devenidas paradigmáticas dentro de la arquitectura y el urbanismo sureños como el palacio de Valle, el Liceo, el palacio Municipal y el Paseo del Prado, considerado como el más largo entre los de su tipo en el país.

Con toda la intencionalidad que pudiera concebirse me detengo en el boloñés Ambrosio Gasdiani, nacido en 1821, sugestiva y escurridiza figura de la historia de su país y de la nuestra, aun cuando los matices de su historicidad sean diferentes en una y otra nación.

En Boloña fue estudiante de Odontología, seguro patriota y revolucionario que demandó la unidad italiana ante los preceptos papales y el poder político de la Iglesia, sin dudas, la causa principal para emprender un exilio a partir de 1846 que lo separó de esposa y familia y le obligó a recorrer desde su salida por el puerto de Génova ciudades como Nueva York, La Habana y finalmente Cienfuegos, donde permaneció durante los últimos años de la década del 40 del siglo XIX.

Aquí terminó sus días en misteriosa y aún no descifrada “muerte violenta”, según reza en los archivos de la Iglesia Catedral de Cienfuegos, que guardan el acta de su defunción, ocurrida justamente en la Navidad de 1850.

Ambrosio Gasdiani fue en Cienfuegos el músico que brilló por su desempeño y talento, admirado por historiadores y cronistas de la época. Aquí fue director de la Orquesta del Liceo Artístico y Literario, compositor de obras como la Misa de Réquiem interpretada en la Iglesia Catedral en diciembre de 1848, cuando se celebraron las exequias del fundador Don Luis De Clouet o la que animó el propio año los festejos de la Virgen de la Purísima concepción, en honor a la patrona de la ciudad.

La investigación de esta personalidad de la historia ha sido un desafío para quienes intentan adentrarse en sus secretos.

Libros como la Historia de la Nación Cubana o la Memoria Histórica de Cienfuegos y su Jurisdicción, de Pablo Rousseau y Pablo Díaz de Villegas recogen su desempeño como músico..

Pertinaz perseguidor de nombres y hechos del acontecer local, el historiador Florentino Morales retoma esta figura con el ánimo de profundizar en su conocimiento.

Muchos años después, quien aquí les comenta, se involucra en esta búsqueda atrapada por el misterio y la curiosidad genealógica. Lenta y espaciadamente comenzaron a asomar algunos vestigios, hasta hallar más de una decena de cartas familiares, no traducidas en su totalidad, que enriquecieron las pesquisas. No obstante, resultó infructuoso el intento de rescatar partituras u otros documentos.

Pero aún ronda la incertidumbre. De alguna manera la urgencia de las búsquedas convocó sentimientos y emociones para apurar esta historia hasta el final sin lograrlo aún, pero con la fascinación propia de lo desconocido, sintiéndome observadora y observada entre el pasado y el presente, viviendo fragmentos de complicidad común.

Después de 158 años de ausencia entre los vivos, Ambrosio Gasdiani se resiste al anonimato con suspicacia lúdicra, poniendo aprueba inteligencias y perseverancias cuando las evidencias se tornan esquivas o emergen con fuerza de la veracidad, convencido de que sobrevivirá en algún recuerdo, confiado en su propia trascendencia.

A veces se desliza y se pierde para hacer más intenso el reencuentro, juntando palabras y recuerdos incompartidos, tratando de encontrar la salida de este laberíntico recuento.

Otras veces me acompaña, en su ausente presencia y se me antoja juguetón desde su ventajosa invisibilidad y me sorprendo hablándome y hablándole en un monólogo, que no lo es tanto.

Pero cada quien tiene que vivir su propia resistencia y probar su perseverancia y todavía dudaba si comentar entre estas consideraciones, que una parte de Ambrosio Gasdiani, tanto genética como espiritual, está mezclada conmigo cuatro generaciones después.

Sin recurrir al asombro, y divagaciones aparte, Italia en Cienfuegos es mucho más que todo eso, es lo que late entre la semejanza y lo irreconocible aún por develar, es desentrañar misterios para atrapar similitudes en espacios diferentes, es sorprender imágenes que convergen disputando olvidos a tiempos y distancias, es la esperanza abierta a la certeza de lo perdurable.


viernes, 12 de diciembre de 2008

Periodismo cultural, más allá de la crónica, la inmersión necesaria.

Llevado y traído por conocedores y neófitos, el llamado periodismo cultural está hoy más que nunca en la mira de especialistas y lectores como resultado del aliento recibido por conceptos novedosos, que ubican a la cultura en un lugar preponderante dentro de la sociedad cubana actual.

Si bien algunos pudieran alegar la insuficiencia de esta vertiente dentro de la prensa cubana, con más o menos razón, es cierto que en los últimos años esta presencia con altas y bajas, ha ido ganando espacio a fuerza de empeños y reclamos bien merecidos, aun cuando resulta imprescindible trasponer las fronteras de lo meramente descriptivo, informativo o cercano a la crónica, para adentrarse en elementos de mayor contenido, pensamiento y elementos sustanciosos que añadan, aporten y toquen fondo a pie descalzo debajo de la epidermis donde subyacen la temeridad y la prudencia de criterios, análisis y un desempeño orientador y educativo
cada vez más abarcadores.

Tal vez más de 20 años en el ejercicio de la profesión y algo de oficio, (es mi caso) no sean suficientes para reseñar lo que distingue, caracteriza y también padece nuestro periodismo cultural. Por eso, y no por otra razón, me aventuro por este camino que de por sí escabroso, que merece un tratamiento amplio, bien difícil de recoger en un esbozo (este esbozo) a partir del cual pudieran suscitarse opiniones, criterios, diferencias, en fin...

Me alejo de cánones académicos y a partir de mi propia experiencia de dos décadas en este ejercicio, apunto algunas consideraciones, sin que pretenda con ello alzarme con la verdad absoluta.

Téngase en cuenta que me suscribo, únicamente, al periodismo cultural propio de los medios
de comunicación de mayor impacto en las masas y entre los que se encuentran la televisión, la radio, periódicos, revistas y semanarios, por sólo mencionar algunos, no así, a las publicaciones especializadas, dirigidas a un público más reducido y también especializado, y que por su importancia merece una exploración de otra naturaleza.

Existe a mi juicio un vertiente informativa dentro delgénero, importante e imprescindible por razones obvias, toda vez que en ella el lector encuentra el producto cultural de manera noticiosa y la cual no debe considerarse en modo alguno un intento menor.

Allí, en la noticia está el anuncio y también la memoria histórica del acontecimiento en sí, es la que invita y la que permanece. Ésta es, por tanto, necesaria e ineludible, aún cuando no aporte elementos suficientes de análisis.

Es bastante generalizado el hecho, de usar y hasta abusar en la actualidad de la crónica cultural, a la que algunos pudieran achacar cierto facilismo, falta de preparación por el periodista y hasta el bagaje necesario para profundizar en determinados temas.

Con honrosas excepciones, quienes escogen el tono cronicado pudieran parecer poco analíticos o profundos para permanecer cómodamente en la superficie, parapetados casi siempre tras una descripción de corte impresionista que no rebasa la categoría de narración.

¿Constituye el tratamiento de la crónica cultural un pecado?. En modo alguno. Es una herramienta más, un intento válido de comunicación, en el que la historia del periodismo recoge exponentes de excelencia entre los que sobresalen figuras como las de José Martí, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén o Mirta Aguirre, por solo mencionar algunos, quienes con un sustento eminentemente erudito, se apoyaron en la crónica para legarnos verdaderas joyas en el género.

Pero el periodismo cultural de todos los días precisa de algo más.

La carencia de un sentido verdaderamente crítico es más que un reclamo, un imperativo de los tiempos que corren.

Es bastante complejo este ejercicio, si se tiene en cuenta que el arte y la cultura se mueven dentro de un campo relativamente subjetivo, que puede encontrar en cada crítico y consumidor niveles de lectura diferentes.

La interpretación del arte y la cultura no es en modo alguno un ejercicio matemático, sino que se
mueve en un espacio más relativo, en el cual influyen y determinan, el nivel cultural de quien escribe y lee y desde luego, su formación estética.

El periodismo cultural de hoy adolece en gran medida del esfuerzo para juzgar el producto artístico, discernir sus méritos y defectos y a tono con las opiniones más generalizadas, debe contener no sólo vocación, sino también probidad, objetividad, cultura y gusto estético, además de desterrar defectos como el personalismo y la oscuridad en el lenguaje, entre otros aspectos.

Al erigirse puente entre la obra artística y quienes la aprecian, el crítico tiene la misión de explicar, clasificar, juzgar y sobre todas las cosas, comunicar, acercar al consumidor a esa obra.

Al criticar, formular, enjuiciar, apreciar, ponderar, o exponer defectos, el periodista ejerce no sólo una función informativa, sino también formativa y educativa.

Sin acogerse a tonos cercanos a la agresividad o la complacencia, la crítica debe ser lo más objetiva posible, evitar tedencias personalistas y ser valorada en toda su amplitud.

La crítica actual, debe , asimismo, devenir en un instrumento que aporte creatividad, sin embargo no todos estamos debidamente preparados para asumir una función que cada vez se torna más compleja y profunda en correspondencia con el nivel de educación y cultura de los cubanos.

Teniendo en cuenta estas razones, quien ejerce la crítica está en la obligación de atemperar su discurso y con ello su lenguaje, de acuerdo con las características del público a quien se dirige.

Igualmente nociva resulta una crítica insulsa y superficial como aquella, bastante en boga por cierto, que se torna tan compleja con el uso de códigos inaccesibles al lector medio que para su comprensión necesita de un tratado decodificador y explicativo aparte.

Dicho de otra manera, el periodista no tiene derecho ni siquiera a suponer que está escribiendo para tontos, a subvalorar a sus lectores o a desconfiar de la capacidad de análisis y discernimiento de sus recpetores.

El otro extremo puede acarrear males mayores.

Una crítica oscura, enrevesada,hermética, plagada de tecnicismos innecesarios, lo mismo puede quedar sin ser leída, que causar insatisfacciones, obstaculizar la comunicación y en el peor de los casos, poner a quien la concibió entre el ridículo y la burla de los lectores.

En no pocas ocasiones hemos escuchado la queja de: ¿qué quiso decir el periodista en toda esa palabrería conceptual?.

No sería ocioso recalcar aquí que para engrandecer el ejercicio del criterio tenemos que estar absolutamente capacitados para valorar, analizar, estudiar, orientar, divulgar, transmitir el mensaje...

Una cultura profunda, alejada de lo epidérmico, es imprescindible para esto y junto con ello ser dueños de un exquisito nivel de información.

Yo pondría a estas cualidades un toque de sensibilidad e imaginación (cuidado con la exageraciones), también de esfuerzo propio para superarse y mantenerse al día dentro del acontecer cultural universal.

Adolecemos en ocasiones de la valentía y la seguridad necesarias para señalar defectos y alejarnos definitivamente de una crítica complaciente cuando la realidad está pidiendo a gritos un poco de objetividad.

Sin embargo, no hay nada que justifique el hecho de que el crítico se sienta por encima de algo o de alguien. No podemos perder de vista que a la vez que enjuicia es al mismo tiempo enjuiciado, que son inseparables la excelencia, la profesionalidad y la ética.

Al crítico cultural le es prácticamente ineludible poseer un grado de especialización tal, que lo ponga en condiciones de abarcar todas las manifestaciones del arte y la cultura. No obstante, la especialización dentro de la especialización es todavía algo más cercano a la perfección. Al contar con un mayor dominio de determinada rama, el periodista no sólo gana ventaja, sino calidad en sus análisis.

Opino que es válida la recomendación de hacer un mayor uso de todos los géneros periodísticos dentro de la vertiente cultural. Nos falta acometividad en la entrevista y el reportaje culturales en función de la diversificación, en la búsqueda de un equilibrio que favorezca a críticos y lectores.

¿Qué nos queda?. El análisis individual y personal en torno a estas y otras cuestiones que aporten elementos para hacer más atractivo nuestro periodismo cultural.

Reconsiderar, cómo, quienes practicamos el género, podemos hacerlo cada vez más perfecto, con intencionlidad y la pericia necesarias para atrapar al lector.

Caricia azul para una ciudad



La cienfuegueridad entra por el olfato. Quien no sea capaz de olerla, se pierde su esencia. Es el olor de las calles, de la gente y sobre todo, de la bahía. Ser cienfueguero es una actitud ausente de regionalismos que marca la diferencia con el resto de las poblaciones de la Isla: somos cubanos, somos cienfuegueros, somos iguales y diferentes. Somos diferentes desde la misma arquitectura, el trazado urbanístico, caso atípico entre las urbes cubanas, pero es la bahía la que impone el sello distintivo.

Fuente de riquezas como sugiere su nombre en lengua aborigen, la bahía de Jagua, al centro sur de Cuba, es responsable incondicional del influjo que ejerce la ciudad de Cienfuegos sobre quienes desde adentro la saborean y desde lejos la añoran.
Escenario de sucesos dignos de la memoria histórica de una urbe fundada por franceses en el siglo XIX, que llegó hasta el presente como una de las más conservadas de Iberoamérica y con valores reconocidos para que su centro histórico fuera declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Au
n cuando no aportara a las razones para inscribir a este sitio dentro de la Lista de Patrimonio Mundial, a la bahía perlasureña le cabe por derecho propio el orgullo de yacer como ese paisaje natural de excepción donde se asoma la ciudad, irremediablemente apegada a sus riberas.
Antes y después de la visita de Cristóbal Colón a la rada en 1494, sucesivos navegantes frecuentaron sus predios y comprendieron a primera vista hallarse ante un lugar de privilegios geográficos, bellezas desconocidas y cualidades que le ganaron entre los entendidos el sobrenombre de Gran Puerto de las Américas.
Al recorrer sus inmediaciones antes de emprender un viaje hacia el oriente de la Isla, Diego Velásquez ponderó las virtudes de este retazo de mar, casi discreto y apacible al que consideró “un puerto muy provechoso para los que vienen de tierra firme”.
Recodos y rincones provistos de una exuberante vegetación costera resultaron albergue seguro para corsarios, piratas y filibusteros, quienes acudían a su abrigo en busca del refugio natural que les proporcionaba su contorno en forma de bolsa para comerciar con los moradores de la comarca o cometer fechorías de la peor especie. Belleza y riqueza se complementaron para atraer a sus orillas a bandidos de los mares en busca de provisiones y su estratégica ubicación resultó ideal para encontrar un escondite perfecto.
Tal vez el primer pirata que frecuentó la bahía de Jagua fue Guillermo Bruces, quien llegó con sus secuaces a la zona con el propósito, según algunos cronistas y leyendas populares, de enterrar cerca de la ribera un caudaloso tesoro.
Tomás Baskerville y su escuadra irrumpieron en Jagua en 1602 para sacar algún provecho de su estancia, mientras que en 1604 aparecieron, provenientes de latitudes diferentes, los tristemente célebres Alberto Girón y Juan Morgan y en 1628 el pirata holandés Cornelio Foll, quien robó cuanto estuvo a su alcance, violencia mediante, como lo hicieran posteriormente Lorenzo y Carlos Graff.
Desde la fundación de la entonces villa Fernandina de Jagua, el 22 de abril de 1819, crecieron los beneficios que el puerto reportó al desarrollo y consolidación de la joven colonia en ese abrazo indisoluble entre la actividad comercial, la fabricación y exportación de azúcar y otros productos, la riqueza de la fauna marina, los valores ecológicos y naturales y por supuesto, la oportuna ubicación al centro de la Isla para el traslado de mercancías hacia el oriente y el occidente del país.
Le sobran razones para ser considerada una de las más importantes en la Mayor de las Antillas, mientras agrega virtudes como la de ser una ensenada con uno de los ecosistemas más saludables en la Isla. Alrededor de 88 kilómetros cuadrados componen la superficie de esta dádiva de la naturaleza caribeña en forma de bolsa, que alcanza su mayor profundidad a unos 60 pies, justo entre los cayos Carena y Alcatraz, valorada por expertos y deportistas como una pista acuática de lujo para la práctica de especialidades náuticas.Un estrecho y sinuoso canal de unos tres kilómetros del longitud la conecta con la inmensidad del Caribe y le proporciona la notoriedad de ser una rada generosa y serena al propiciarle protección y evitar con ello excesivas y peligrosas penetraciones de mar.
Admirada por sus cualidades turísticas y recreativas, marítimas, portuarias e industriales, perfecta para la pesca o como reservorio natural, suma virtudes mientras está reconocido como el segundo complejo portuario del país y el más relevante en la costa sur de la nación. Pero no hay mayor valía que la de su atractivo y natural belleza, la capacidad de seducción que ejerce entre quienes la disfrutan, esa personalidad irrepetible de la cual dota a la ciudad, su magnetismo disfrazado de azul, la serenidad de las aguas, el misterio de sus destellos.
Es un pedazo entrañable en la vida de todos los cienfuegueros, paradójicamente particular y compartido, espacio donde se reafirma el sentimiento de pertenencia, se multiplican amores y se torna infinita en el afecto de quienes nacieron a su vera. Es la inspiración de artistas de la plástica, de poetas y músicos atados a sus reflejos, la del litoral donde se encienden los luceros de José Ramón Muñiz, quién sabe si la que abrigó la tornasolada garza presentida de Luis Bouclet, la novia cómplice y perpetua que respiró Florentino Morales, la del explosivo pincel de Leandro Soto, la de misterios y leyendas de pescadores, mantas gigantescas y luces salvadoras. Es la que le regaló a Cienfuegos su aroma inigualable, ese que aparece y se esfuma tras los rincones con la destreza de permanecer en los sentidos y los corazones entre lo entrañable y lo certero, como refugio de nostalgias innombrables.
Eterna, salada y lenta, presuntuosa y excesiva, viva como su historia misma, formidable como su geografía, egocéntrica y mágica, seductora y generosa sin padecer soledades ni olvidos, es el presagio de lo eterno en el lugar del tiempo histórico y humano, la caricia azul para una ciudad
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